“Nuestra vida estará segura por la eternidad”
“Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: ‘Yo Jehová, que lo hago todo, que despliego yo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo.’”(Isaías 44:24)
La vida es una constante lucha. No sabemos lo que puede pasar de un momento a otro. De una cosa sí podemos estar seguros los cristianos: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). A Satanás le gusta usar esa verdad para tentarnos. Él hace que nuestra naturaleza pecaminosa se enfoque en las “tribulaciones”. A nuestro viejo Adán no le gustan las tribulaciones, sino la comodidad y el placer. A Satanás le gusta susurrar a nuestro oído: “Ves, Dios quiere que tú sufras”.
Es en ese momento cuando necesitamos que Dios nos recuerde que él es nuestro Redentor. Él nos llamó a ser su pueblo aun antes que el mundo mismo estuviera formado. Habiendo sido hechos y redimidos por Dios mismo, podemos responder a la protesta de Satanás diciendo: “Sí, pasaré por tribulaciones para entrar en el reino de Dios.”
Pruebas y tribulaciones saldrán a nuestro encuentro. A menudo parece como si nosotros los cristianos sufriéramos más pruebas que otras personas. No obstante, Dios ha preparado para nosotros una eternidad de gloria. Con tal perspectiva podemos ver nuestras pruebas como algo solamente temporal, y como un medio a través del cual Dios nos prepara para el cielo.
Dios también nos recuerda de su poder todopoderoso. Con su poder hizo todas las cosas. Lo que podemos ver, así como lo que no podemos ver, vino a existir cuando Dios dijo: “¡Hágase!” El maravilloso cielo en las alturas y la hermosa tierra debajo de él existen porque Dios los creó y los conserva. Dios también enfatiza que hizo esto él solo.
Este Dios todopoderoso es el Dios que nos ama con amor eterno. Él envió a su hijo unigénito “para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”.
Él perdona todos nuestros pecados, dándonos por gracia la fe que confía sólo en Jesús como Señor y Salvador. Él nos hizo lo que somos. Somos sus ovejas y corderos, que descansamos en sus amorosas manos todopoderosas.
“Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:31-32) Habiéndonos redimido por la muerte de Jesús, él nos deja saber que nuestra vida está segura por la eternidad por la resurrección de Jesús.
Señor Dios, por medio de tu poder todopoderoso mantennos seguros por gracia de todo daño y peligro hasta la vida eterna, en el nombre de Jesús. Amén.
—
Cristianismo Conforme a las Escrituras












Deja una respuesta