“…Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos…” (Mr 10.42-44)
… transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…(Ro 12.2)
Amados hermanos, un hombre puede cambiar muchas cosas en su vida con relativa facilidad, pero cambiar el corazón y los pensamientos, representa un desafío mucho más complicado de lo que podemos imaginar.
¿Cuántas enseñanzas habían recibido los discípulos de Jesús?
A estas alturas del ministerio de Cristo, cualquiera podía suponer que ya entendían su forma de pensar y la dinámica del Reino que tantas veces había sido explicada.
De hecho habían estado siendo entrenados para llevar al resto del mundo una verdad que estaba siendo revelada personalmente por Jesús.
Los discípulos, sin embargo, nos sorprenden. Jesús estaba preparándoles para acercarse al momento más crítico de su ministerio. “He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado…” (Mr 10.33) ¿Podría haber algo más importante en qué pensar en aquella hora?
El amor a quien les había dado tanto por todo ese tiempo les debería haber ocupado el corazón sin ninguna otra cosa en que poner atención.
Pero, se vieron envueltos en una discusión que desarmonizaba completamente con aquel momento y con las cosas que habían escuchado por los últimos años.
Jesús hablaba de humildad y sacrificio, ellos hablaban de poder y autoridad. ¿Tiene acaso algo que ver lo último con lo primero? ¡Automáticamente respondemos que no! Pero… ¿Es correcta esta respuesta?
Tal vez ahí es donde radica uno de nuestros principales problemas.
Vemos el poder como algo útil para complacernos a nosotros mismos. Para evitar el sufrimiento. Para satisfacer nuestras ansias de grandeza mientras humillamos y destruimos a otros. Esto no necesitamos aprenderlo. Es parte de nuestra naturaleza caída.
Jesús se refirió a algo que forma parte de nuestra vida cotidiana:
…los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad… (Mr 10.42-43)
¿Pecado? Sí, lo es. Ejercemos autoridad usando lo que no es nuestro. No hay nada que tengamos que no nos haya sido dado. Cuando nos enseñoreamos de los demás estamos robando la Gloria que solo a Dios le pertenece.
Pero hay un gran secreto que debemos aprender. La humildad no es antónimo del poder, ni el sacrificio lo es de la autoridad. Más bien representan el camino para llegar legítimamente a alcanzar lo que ellos tanto anhelaban.
Parece extraño ¿Verdad? Solo tenemos que mirar a Jesús para darnos cuenta de lo equivocados que podemos estar.
Sus discípulos codiciaban un puesto al lado de su trono, pero Jesús había dejado su trono para tomar un lugar al lado nuestro. No buscaba placer ni grandeza. La cruz era su paso inmediato. Al servicio de todos, sacrificado por todos.
Este fue el camino para desarrollar el Reino más grande de toda la eternidad. Para sujetar todas las cosas bajo sus pies y bajo su autoridad, “…para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él…” (Col 1.22)
Reclamar poder y gloria es el camino opuesto al Reino de Dios. No es el diseño de Dios para sus hijos “…Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos…” (Mr 10.43-44)
Vivir como hijos de Dios significa marchar por sendas diferentes a las que habitualmente transita nuestro mundo. Probablemente no sea popular este camino. Tal vez a nosotros mismos no nos sea atractivo. Pero lo indudable, es que para llegar a ser verdaderamente grandes, debemos vivir sirviendo. No para nuestra gloria, sino para bendecir a aquellos que nos rodean.
La autoridad verdadera es aquella que nos es dada después de haber servido y amado a Dios y a nuestros semejantes. No necesitamos reclamarla.
Sigamos su camino “…Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos….” (Mr 10.45)
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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