“…Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo…” Gálatas 1:9-10
Que gozo poder compartir con ustedes y mas especialmente este tema del Evangelio.Comencemos observando que Pablo menciona cinco veces la palabra “evangelio”. (6-11) Habla del evangelio como “buena noticia”, de un Salvador, es notable para Pablo el tema del Evangelio pues comienza y acaba sus catorce cartas exponiéndolo y explicándolo. La carta no empieza con acción de gracias, sino que inmediatamente entra en el asunto.(6-9) Su propósito era agradar a Dios y no a los hombres, por eso en el v. 10 deja en claro a quien sirve. Para el apóstol apartarse del evangelio de la gracia era apartarse de Dios. Predicar la ley era pervertir la salvación por gracia, como si el sacrificio de Cristo en la cruz fuese insuficiente. Muchos mensajes, pero evangelio sólo hay Uno, no hay otro. (v.7) Hay una idea muy equivocada que el evangelio es sólo para no creyentes y una vez que se recibe a Cristo, hay que avanzara cosas más profundas, como experiencias emocionalistas o profundidades intelectuales en la teología. La afirmación central de esta carta es que el evangelio es totalmente completo en sí, que no hay nada más, y que el fallo mayor es “añadir” al evangelio. Evangelio es de gracia (v. 6); de Cristo (v. 7); de comunión (v. 8); de Dios (v. 10). ¿Qué fue entonces lo que les sucedió a estos cristianos?. Pablo les amonesta por “añadir” a su fe cristiana. Y les dice que añadiendo a su fe, están distorsionando el Evangelio. ¿Qué estaban añadiendo? Estaban añadiendo la obediencia. Decían que la fe en Cristo sola no era suficiente, que necesitaban añadirle la práctica de la circuncisión. Nuestro mayor pecado es añadir algo al Evangelio, la sutil creencia de que de alguna manera debemos de hacer algo más para conseguir la aceptación de Dios. El cristiano no es sólo alguien que se arrepiente de sus pecados, sino alguien que también se arrepiente de todos sus intentos de justificación. Llevado de esta preocupación y lleno de angustia por el tremendo peligro en que se hallaban las iglesias de Galacia, el apóstol, bajo la inspiración de Dios, pronuncia un tremendo anatema (8, 9), profiriendo la destrucción de cualquiera que se atreviese a anunciar un evangelio diferente al que él les había predicado. Por aquí se echa de ver que el Evangelio de Cristo es uno, puro y simple; que no admite añadiduras ni sustracciones. El Evangelio de Cristo se pervierte, tanto por parte de menos, quitándole, según hace, por ejemplo, el modernismo, como por parte de más, añadiéndole, como hace el legalismo religioso. De ahí la necesidad de un constante examinar de nuestras opiniones vengan del lado que vengan, con el mensaje puro y simple de la Palabra de Dios.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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